Todos estamos aún con los villancicos en la mente que nos agotan y estrésan al repetirse una y otra vez en nuestra cabeza, ¿Te sucede?

Luces, adornos, Árboles de Navidad, dulces, letreros alusivos a las compras navideñas, Navidad, Navidad, Navidad… encima la música, ¡¿desde octubre?!

Lo sabemos, para muchos, es la mejor época del año, aunque para otros cuantos que no la pasan también en estas fechas, el exceso de tradiciones puede llevar a la aparición de problemas emocionales de medios a severos.

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¿Qué provoca estar expuesto a la música navideña constante?

¿Has pensado cuántas veces te recuerdan por ejemplo en el supermercado con este mensaje sutil, que viene la época de gastos? Justamente este es un conato de estrés directo para quienes se encontrarán inmersos en deudas y esperan el aguinaldo con esperanzas de saldarlas.

Los encuentros familiares tal vez para quien no tenga la fortuna de poseer una es otro factor de estrés y tristeza.

Tránsito, reunirse con la familia y las compras de los obsequios es otra forma de subir el volumen a la tensión.

Todos estamos aún con los villancicos en la mente que nos agotan y estrésan al repetirse una y otra vez en nuestra cabeza, ¿Te sucede?

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Pero no para todo allí, ya que incluso las personas que realmente disfrutan de las fiestas tendrán problemas con los villancicos, por ejemplo las personas que trabajan en establecimientos en los que pasan todo el mes usando esta estrategia para atraer a los clientes.

Aunque para los dueños de las cadenas comerciales podría ser una gran estrategia de marketing, para los empleados se trata de una melodía repetitiva y acaba provocando ansiedad y angustia.     

Especialistas en Psicología de la música dicen que escuchar de forma desmedida la misma melodía puede producir el conocido efecto de mera exposición, el cual consiste en una evolución en forma de U invertida del agrado por algo a medida que aumentan las exposiciones. Por supuesto, al principio es sumamente agradable y familiar, hasta que la persona se acostumbra a la novedad, después de esto, comienza el desagrado y a continuación se transforma en un genuino odio.

Esto no es exclusivo de la Navidad, ya que igual sucede con los empleados que trabajan en las tiendas de ropa el resto del año por ejemplo, en las cafeterías donde se repite una y otra vez el playlist o en cualquier lugar donde la persona esté expuesta a la constante agresión del ruido musical repetitivo.

 

 

Por: Azenet Folch.