Paloma Picasso. Seguramente el apellido suena y resuena, pero no sólo por la fama del familiar, sino por mérito propio. Es hija menor de Francoise Gilot, pintora y autora francesa quien tuvo un amorío con el artista Pablo Picasso entre 1944 y 1953, periodo en el que nacieron Claude y Paloma.

Lejos de la fama de los reconocidos pintores europeos, Paloma comenzó la creación de joyas en 1968, mientras diseñaba ropa en París.

En una ocasión compró varias piedras brillantes en un mercado de pulgas, con ellas creó un hermoso collar que llamó la atención de la crítica, con lo que comenzó su reconocimiento público como artista.

Lo anterior la llevó a entrar formalmente a una escuela para el diseño de joyería. Tras el aprendizaje, unió fuerzas con su amigo Yves Saint-Laurent para la creación de accesorios que acompañaran las elegantes creaciones del modisto.

Para 1971, gracias a su talento, Paloma trabajó para la compañía griega de joyas Zolotas y una década más tarde se codeaba con los nombres más importantes como diseñadora para la famosa firma Tiffany & Co., en la ciudad de Nueva York.

La experiencia de trabajar con los nombres más importantes resultó en la colaboración con L’Oreal para la creación de el perfume Paloma, que sólo sirvió de antesala para el surgimiento de toda una línea de belleza con polvos, gel de baño y jabones.

Varias de sus creaciones en joyería pueden apreciarte como parte de las colecciones permanentes de dos recintos en Estados Unidos: El Instituto Smithsoniano en Washington, D.C. y el Museo Field de Historia Natural, en Chicago, Illinois.

Por: Anderson Kerr.