En los años 50, la lucha libre descubrió el gran negocio que significaba el duelo de máscaras, máxime después de constatar que para la lucha de incógnitas entre El Santo y Black Shadow, el primer gran encuentro de máscara contra máscara, la cola comenzaba en la Avenida San Juan de Letrán (hoy Eje Central) para llegar a Perú 77, donde sigue la Arena Coliseo.

La noche del 7 de noviembre de 1952, el «Enmascarado de Plata» destapó a Black Shadow, el llamado «Hombre de Goma», por su sorprendente elasticidad.

Cuenta la leyenda urbana que, esa noche, más de media ciudad que tenía televisión, siguió el emocionante match donde se dieron con todo, mientras algunos de los supervivientes, presentes en el embudo coliseíno, hoy le platican la hazaña a sus nietos.

Cuando Black Shadow se despojó de su capucha, muchos pensaron que sería su fin. Sin embargo hay incógnitas que, cuando se pierden, trascienden. El linaje de Shadow (Alejandro Cruz) fue de esos.

Casi tres años después, el 3 de diciembre de 1955, nuevamente El Santo expondría  su máscara contra un tipo que, los lectores de las viejas historietas publicadas por La Prensa, conocían bien: El Halcón Negro que, luego de perder la tapa ante un entradón, respondió al nombre de Manuel Quintana.

En 1956, el que murió con la máscara puesta en 1984, se llevaba la de otro estrella del encordado: Luis Ramírez, “El Gladiador”; pese a que brindó una gran lucha en la Arena México, su suerte estaba echada.

máscara

La Cavernaria

Pasaron siete años para que, El Santo volviera a arriesgar su máscara. Esta vez el contrincante fue El Espanto I, quien fue socio de El Santo arriba del cuadrilátero, repartiendo leña entre sus oponentes, tuvo a mal retarlo.

La lucha efectuada el 25 de octubre de 1963, es una de las más sangrientas que se recuerde. El hijo mayor de El Santo (Alejandro Guzmán, padre de Axel, llamado “El Nieto del Santo”) sufría como los buenos en compañía del compadre del plateado: Javier Solís, en la primera fila del coso de la Doctores. Y según los expertos, al final de la contienda casi le exprime medio litro de sangre de José Vázquez, a su capucha.

Luego de ese memorable duelo, El Santo les dijo a los dueños de la Lucha Libre en México (los señores Luteroth) algo así como: «ya déjenme descansar un rato».

Por culpa de eso, El Espanto II perdió la máscara con el compadre del Enmascarado de Plata, Huracán Ramírez, el 12 de junio de 1964, cuando The Beatles dominaban el Hit Parade norteamericano con varias de sus canciones.

Casi cuatro años después, el 26 de abril de 1968, a unos meses del estallido del Movimiento Estudiantil, el mismo Huracán que se despidió en vida (sin haber perdido nunca la máscara) en una gran gira en la que ganó un dineral, despojaba de su incógnita a “El Enfermero”, quien reveló su nombre: Tony Camargo.

Blue Demon, el socio del plateado y siempre segundo crédito en el cine de luchadores, despachaba sin mascara al Espectro II, no sin que antes revelara su identidad como Gerardo Tapia, en el Auditorio Fausto Gutiérrez de Tijuana, B.C.

Otras batallas por el honor de lucir y defender la máscara vendrían después, a manos y llaves de otra generación de capuchas antológicas: Estrella Blanca, El Solitario, Dr. Wagner, Aníbal, El Gallo Tapado, Fishman, El Faraón, El Satánico, El Egipcio y algunos otros que se volvieron grandes figuras de la lucha libre.

Por: Pepe Navar.