Querido Santa Claus:
Está a punto de terminar un año más y no me puedo quejar de lo que ocurrió dentro de mí, en estos últimos 365 días. Sí, ya no tuve algo del tamaño de Yayoi Kusama, pero no siempre tiene que ser así.
Aunque extraño ver las inmensas filas de gente esperando impaciente por ver con qué se va a encontrar dentro de mis instalaciones, me conformo con escuchar todos los días los murmullos de los constantes visitantes.
Prefiero ver diario un buen puño de personas emocionados por descubrir otra cultura a través de una persona y todo lo que pasó dentro de su cabeza: pensamientos que tradujo en una pintura, fotografías o una escultura; quizá, incluso, en una exposición completa.

Como siempre, procuraré hacer mi parte:
que nunca haga falta algo que ver o hacer.

Aquí están ya, por ejemplo, las exposiciones que fueron realizadas con el trabajo de Fernando Ortega y Tacita Dean.
Tamayo

Commons

En la primera, que lleva por nombre Nota Rosa, van a ver detalles que sólo con ojo técnico se pueden capturar en escenas cotidianas. La segunda, que lleva el nombre de su precursora, es una colección de conceptos en los que se le invita a ver lo extraordinario, en ideas que a lo mejor nunca habían pasado por sus cabezas.
Además, apreciarán la colección de arte que el propio Rufino Tamayo creó al lado de su esposa, quienes, obviamente tenían una gran pasión por el arte. Desde Pablo Picasso, y Joan Miró hasta John Chamberlain, algunos de los pintores de los que se puede admirar su obra.
También se acaba de inaugurar una sala dedicada al trabajo de Rufino, desde dibujos a lápiz hasta pinturas de gran tamaño se pueden ver. Toda una vida dedicada a la creación.
Querido Santa, como regalo bien podrías llevarle una entrada a una o varias personas a este recinto que hoy te escribe, que mi mejor presente será el día a día lleno de gente.

Con mucho cariño, Santa, se despide:

El Museo Tamayo.

Por: Aldo Mejía.