El 21 de julio de 1988 se realizó con éxito el primer trasplante de corazón en México. El doctor a cargo, actualmente director del Hospital de Cardiología en el Hospital General Siglo XXI del IMSS, fue Rubén Agüero Sánchez y el paciente se llamaba Fernando Tafoya Chávez, quien estaba condenado a morir en un lapso no mayor a cuatro meses si no se le conseguía un corazón nuevo.

La cirugía tuvo una duración de poco más de tres horas entre las 7 de la tarde y las 10:03 de la noche. Agüero ha relatado en distintas ocasiones que el periodo más complicado y riesgoso de la operación fue cuando ya le habían trasplantado el órgano, que provenía de una paciente con muerte cerebral, pero éste tardó 18 largos minutos en comenzar a bombear sangre.

Tafoya pudo recuperar su vida normal pues ya no necesitaba estar en cama, lamentablemente, falleció apenas un año más tarde por una infección estomacal.

Desde 1988 hasta la actualidad, la medicina ha evolucionado muchísimo y con ella los trasplantes. El control tanto para garantizar que los órganos donados estén en buenas condiciones, así como los análisis para asegurar que el cuerpo del receptor no rechazará el órgano son mucho más estrictos. Lo más difícil a la hora de un trasplante de corazón es encontrar un donador, pues éste debe estar clínicamente muerto, pero aún estar conectado a soporte vital.

Las personas que suelen necesitarlo son aquellas que sufren un infarto que provoque gran daño en el miocardio, las que presentan una insuficiencia cardiaca que ya no es controlable con medicamentos u otros tratamientos, anomalías cardíacas congenitas que no puedan repararse con otro tipo de cirugía o trastornos severos del ritmo cardiaco.

Por: Gerardo Guillén.