Cuando se sale de las instalaciones del metro a la superficie no siempre es aparente la conexión entre el lugar de destino y el nombre que le fue asignado a la estación más cercana. Tal es el caso de Barranca del muerto, donde parece que no existe ninguna barranca y no se sabe quién murió para que haya ganado semejante fama.

Para entender el origen del nombre, es necesario recurrir a la geología. Parece ser que en tiempos prehistóricos, la última explosión del volcán Xitle (que hoy se encuentra a faldas del Ajusco) desencadenó una serie de movimientos telúricos que culminaron en una abertura en la tierra. Dicha fractura poseía una profundidad aproximada de 15 metros, ahora está rellenada.

Siglos más tarde cuando estalló la revolución mexicana, la región de fue una de las zonas más codiciadas por los ejércitos carrancistas y zapatistas debido a su ubicación estratégica. Es por ello que en las zonas aledañas tuvieron lugar numerosas batallas que a su vez significaron incontables pérdidas humanas para ambos bandos.

Cuenta la historia que los cuerpos de los revolucionarios caídos fueron arrojados a la barranca descrita anteriormente debido a que su cercanía con la zona de Mixcoac la convertía en la solución más rápida y sencilla para deshacerse de los cadáveres.

Las aves de rapiña que ilustran el ícono de la estación, hacen referencia a los hechos acontecidos durante la revolución. Hoy en día, la avenida homónima es una de las venas más importantes de la ciudad, el nombre escabroso que le pertenece a la estación ha dado origen a otras leyendas vinculadas con el metro y sus túneles, entre las que se encuentran vampiros, aparecidos, y los lamentos de los revolucionarios que fueron sepultados en este lugar.

Por: Daniel Arturo Pérez Rivera