En el edificio que alguna vez fue el Palacio de los Condes de Santiago de Calimaya, hoy se encuentra el Museo de la Ciudad de México, un espacio que se dedica a los artistas plásticos que con sus obras, reflejan su visión de la ciudad, además de que el edificio en sí mismo, es algo digno de admirar.

El edificio existe desde el siglo XVI. Se otorgó a Juan Gutiérrez Altamirano por parte de Hernán Cortés cuando hizo la repartición de los solares que estaban cerca del Templo Mayor, a la gente que conocía y luchó a su lado. Luego de una serie de movimientos familiares, entre casamientos y nombramientos, Fernando Altamirano  se quedó con la propiedad y poco tiempo después se le nombró Conde de Santiago, en 1616.

En 1977 se le hicieron algunas modificaciones a la fachada, como parte del trabajo de remodelación. Se le recubrió con tezontle y a las ventanas se les aplicó cantera, como solía hacerse en el siglo XVII. El responsable de estos cambios fue Francisco Antonio Guerrero y Torres.

A principios del siglo XVIII, los herederos del edificio empezaron a rentar cuartos; esta tradición continúo durante los primeros años del siglo siguiente, pero dejó atrás el estatus de ser un edificio para la nobleza y se empezó a popularizar. Desaparecieron las distinciones y se convirtió en algo cercano a una vecindad.

En 1931, el gobierno le otorgó el título de Patrimonio Nacional y 29 años después, se estableció que el edificio funcionara como el actual Museo de la Ciudad de México. Cuatro años más tarde, el recinto abrió oficialmente.

En el 2002, se le hizo un trabajo de restauración, se construyó la Librería del Pórtico y se reabrió la Biblioteca Jaime Torres Bodet. Esto convierte al edificio en uno de los testigos más viejos del crecimiento del Centro Histórico de la Ciudad de México.

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Ubicación: Pino Suárez #30. Centro Histórico. Delegación Cuauhtémoc. CP. 06060. Ciudad de México.
Horario: Martes a domingo de 10:00 a 18:00 horas.
Precios: 26 pesos. 50% de descuento con credencial de estudiante, maestro e INAPAM. Los miércoles la entrada es gratuita.
Por: Aldo Mejía.