La comunicación humana dispone de un vasto número de expresiones que se engloban en distintos tipos de lenguajes. Los que más utilizamos en nuestras relaciones interpersonales son el de palabras, ya sea en su forma oral o escrita, y el corporal. Sin embargo, a diferencia del primero, el segundo no se enseña formalmente en ninguna institución, como lo es la escuela y, por lo tanto, a veces no tenemos control sobre él, ya que lo adquirimos por imitación y muchas veces de forma inconsciente.

El antropólogo norteamericano Ray Birdwhistell, quien fundó la kinésica para ser la disciplina que estudie el lenguaje corporal, afirmaba que en una conversación, el 35 % del lenguaje que utilizamos se conforma por la palabra, el 38 % por la entonación y el 27 % por gestos y movimientos, a los cuales denominó como actitud corporal.

Por esta razón, a pesar de que nuestras palabras digan una cosa, nuestros gestos o movimientos pueden provocar que demos a entender otra. Trabajar en nuestro lenguaje corporal puede beneficiarnos para que nuestra comunicación con los demás sea más efectiva.

En el lenguaje corporal intervienen gestos, movimientos de extremidades, la postura, el tacto, la distancia con la otra persona y la vista. Al igual que en el hablado, existen diferencias entre el lenguaje corporal de los habitantes de un lugar y otro.

No obstante, existen algunas señales universales que utilizamos ante determinadas situaciones, por ejemplo, en la cultura occidental es muy común encogerse de hombros ante una pregunta de la que no conocemos la respuesta.

También es muy frecuente que durante un regaño, la persona que está acusando mueva el dedo índice de arriba a abajo, señalando al culpable.

Por: Gerardo Guillén.