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Quedó atrás la practicidad del cabello largo y los vestidos blancos del siglo XIX en los bebés, pero, ¿Qué sucedió?

La historiadora Jo B. Paoletti, de la Universidad de Maryland y autora del libro Pink and Blue: Telling the Girls From the Boys in America, dedicó algún tiempo de su vida a la investigación de los colores en la ropa de los niños. Esto sucedió desde hace 30 años, hoy, la historia no es muy diferente.

 

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Pero en realidad, ¿hay un contexto de género como todos lo pensamos? la verdad de cómo sucedió  la descubrió con esta exhaustiva investigación y te sorprenderás, ya que los colores designados socialmente para ambos sexos no son otra cosa que estrategias de mercado de almacenes norteamericanos afamados en la época de la posguerra.

En el pasado, los niños usaban ropa blanca desde su nacimiento, hasta los primeros seis o siete años de su vida. Estos eran una especie de vestidos muy largos. Más o menos en esta época, también se les dejaba el cabello largo a los pequeños, esto con el fin de hacer práctica la vida de los padres que en ese entonces llevaban una ajetreada vida con los deberes.

Esta situación no tenía nada que ver con su género, simplemente las madres podrían limpiar de forma fácil y rápida las prendas sucias o manchadas con cloro.

A mediados del siglo XIX los colores pastel se adaptaron a la vestimenta de los pequeños y fue hasta después de la Primer Guerra Mundial que la división de los colores llegó y entonces se asociaron algunos en específico al género del bebé.

“Los colores para identificar a los niños de las niñas quedaron en el pasado.” Es lo que rezan los millennials a todo pulmón.

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Un artículo publicado en 1918 por la revista Earnshaw’s dejó muy claro que al principio las cosas eran al revés: “La regla general aceptada era rosa para los niños y azul para las niñas. El motivo es que el rosa, siendo un color más decidido y fuerte sería para quienes decidieron el contexto más adecuado para el niño, mientras que el azul, que es más delicado y exquisito, era más bonito para la niña”. Otras fuentes, explicó Paoletti, afirman que el azul lo recomendaban para los bebés rubios y el rosa para los morenos, o bien, el azul para los bebés con ojos azules y el rosa para los de ojos marrón.

La revista Time en el año 1927, publicó en un gráfico los colores “apropiados” por género de acuerdo con las tiendas más importantes de Estados Unidos. Y sí, todo apunta  como siempre a la publicidad. Las tiendas Filene’s, en Boston; Best & Co., de Nueva York; Halle’s, en Cleveland; y Marshall Field, en Chigaco, le indicaron a los padres que vistieran a los pequeños hombres de rosa.

 

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Finalmente en el año de 1940, se establecieron los colores como los conocemos hasta ahora y como resultado los estadounidenses se adhirieron a las “normas” que estableció nuevamente la publicidad, aunado a la interpretación de los fabricantes y vendedores de la época, aunque la investigadora cree que pudo haber sido al contrario. La razón de su conclusión es que la especialización de las prendas para los pequeños representó un boom en la industria de la moda, y se acentuó al tiempo que la tecnología permitió saber el género del bebé antes de nacer, es decir, ya no se trataba de solo ropa, el ajuar entero necesitaba ser congruente con él y de alguna forma serviría para anunciar el género del recién llegado.

 

 

 

Por: Azenet Folch. 

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