Finalmente ha llegado la época decembrina; esa que está plagada de comida, regalos, fiestas, dulces y luces.

Por supuesto que habrá a quien no le guste, pero son pocos los hogares mexicanos en los que no se ponga arbolito navideño. Aunque no se celebre ese cliché de televisión, donde todos se reúnen alrededor del pino adornado a contarse historias, en esta ocasión les contaremos cómo inició esta vieja tradición.

 

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Así como los cristianos echaron mano del 24 de diciembre para recordar el nacimiento de Jesús, dado que La Biblia no especifica la fecha exacta, porque ese día los paganos festejaban el solsticio de invierno, también retomaron la costumbre de otro pueblo cuando llegaron a Europa. Ahí se veneraba a Frey, una deidad que representaba al Sol y a la fertilidad, aunque ellos acostumbraban adornar un perenne.

Sin embargo, los cristianos los sometieron al proceso de evangelización pero conservaron la tradición para celebrar el nacimiento de Jesús. Aunque, como todas las costumbres, se modificó, pues se menciona que San Bonifacio, un fiero evangelizador, cortó un pino para sustituir al perenne.

Navidad

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Posteriormente, cambiaron algunos adornos por velas y manzanas, con las que se simbolizó la luz que llegó con Jesús y el pecado original, respectivamente.

No obstante, hay que aclarar que esa es una versión, porque hay otras donde se cuentan hazañas realizadas por dioses igualmente paganos, que se afianzaron conforme pasaban las generaciones y se expandía el cristianismo.

También se modificaron los adornos, pues sabemos que ahora ya no ponemos velas ni manzanas, sino esferas y «foquitos» de colores.

 

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La versión que probablemente puedas mirar en este momento en tu sala representa paz y esperanza. Los regalos debajo del pino vinieron mucho después, y tienen otro significado, lo importante es conservar aquellos que convienen a nuestros hogares. Para que siempre estén iluminados.

Por: Aldo Mejía.