Dentro de la Catedral Metropolitana se encuentra un Cristo negro localizado en el altar del perdón, es conocido como El Señor del Veneno y su historia se remonta a la época colonial.

Don Fermín Andueza fue un hombre rico que cada mañana madrugaba para ir a misa. Al terminar siempre rezaba ante un gran Cristo, ponía una moneda de oro en el altar y besaba los pies de la imagen.
Su vecino don Ismael Treviño, cuya fortuna era de la misma magnitud, sentía envidia de don Fermín. Ese sentimiento era tan intenso que buscó interponerse. Sin embargo, Andueza siempre se las arregló para evadir los obstáculos y seguir generando riquezas.
La envidia se transformó en odio y Treviño decidió darle muerte a su rival. Para no levantar sospechas utilizó un veneno que se propagaba por todo el cuerpo y cumplía su cometido después de varios días.
Don Fermín siguió su rutina y al besar los pies del Cristo, éste se tornó color negro. Don Ismael, al darse cuenta que la imagen absorbió el veneno, confesó su crimen y pidió perdón. En la actualidad cada 19 de octubre se oficia una misa en conmemoración de ese milagro.

Por: Gerardo Guillén