La escasez de agua es un problema al que se enfrenta la humanidad y el cual sólo se acentuará con el pasar de los años. Tomar consciencia y adoptar medidas para el cuidado del agua es la vía principal para un futuro más brillante. No obstante, las plantas desalinizadoras son una opción cada vez más viable para aumentar el suministro de agua.

Su función consiste en eliminar la sal del agua marina para que esta pueda utilizarse como agua potable y de regadío. El 97.5% de agua en el planeta es salada, mientras que una cantidad inferior al 1% del resto, es apta para el consumo humano.

Entre los procesos más comunes de desalinización se encuentra la ósmosis inversa, que consiste en la separación de la sal y el agua a través de la presión sobre el líquido; la desalinización térmica, que funciona gracias a la evaporación, destilación, congelación, evaporación relámpago y la formación de hidratos, que implica alterar las moléculas del hidrógeno.

Aunque la inversión estructural de crear una planta desalinizadora es muy alta, los resultados son satisfactorios: se estima que en el mundo existen alrededor de 18 mil plantas de desalinización en funcionamiento, comunes en países áridos como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Chipre e Israel. En México existe una planta en Los Cabos que opera desde 2007 y así aparecieron más de 320 sitios que se dedican al proceso con más de 435 plantas a lo largo de todo el país.

Hoy en día se estudia la posibilidad de mejorar las plantas de desalinización para hacerlas más eficientes, pues aunque los beneficios son notables y el proceso es cada vez menos costoso, aún existen inconvenientes como el elevado gasto eléctrico y los residuos salinos que resultan del proceso, los cuales son un contaminante que puede afectar a la flora y fauna de las zonas aledañas a las plantas.

Por: Daniel Arturo Pérez.