Nadie con el nombre de Cruz Pío Socorro Alvarado Bolado, podía aspirar a ser un primer actor de cine, y menos figura preponderante del Cine de Luchadores.

Por eso, el actor costarricense nacido en San José el 3 de mayo de 1910, abrevió su nombre a Crox Alvarado, y entonces sí, el que también fuera caricaturista y guionista, se inició en los terrenos del cine y de ahí dio el salto mortal (cayendo parado) en ese genial invento fílmico mexicano que es el Cine de Luchadores, nacido a principio de los años 50.

Cuenta la leyenda que el mismísimo charro cantor y bravucón que fue Jorge Negrete, lo metió al cine y le consiguió actuar en pequeños papeles, hasta que llega la hora de su primer estelar en El Cementerio de las Águilas (1939).

En 1944 filmó con la potosina Lupe Vélez, Nana. Luego Don Juan Orol le dirigió Pasiones Tormentosas (1946) y filmó al lado de una de sus musas y esposas de piernas portentosas: María Antonieta Pons.

Así se vienen títulos memorables como: Yo Maté a Rosita Alvirez y Si Adelita se fuera con otro, hasta que en 1952 alguien tuvo a bien inventar el Cine de Luchadores, del que Crox es iniciador con el filme de Chano Urueta, La Bestia Magnifica, donde protagonizó un drama luchístico que saca chispas, al lado de Mirolslava y Wolf Ruvinskis.

Desde ese momento se volvió un insustituible del cine del pancracio, que se inscribe dentro de la Serie-B con clásicas de culto como: El Enmascarado de Plata (1954), la trilogía de La Momia Azteca, la serie de El Jinete sin Cabeza, el serial de Los Tigres del Ring y dentro del fantástico mexicano descabellado: Camino de los Espantos, La Mujer Murciélago y Santo Contra Capulina.

La cinta que lo catapultó al terreno de la inmortalidad del fantástico mexicano y mundial fue Ladrón de Cadáveres (1957) de Fernando Méndez, el también realizador de El Vampiro.

A partir de esa película registrada en todas las enciclopedias fantásticas de cine que se precien, Crox Alvarado se volvió un mito sagrado, respondiendo a una historia (la del Moderno Prometeo: el Frankenstein de Mary Shelley) sumamente curiosa por la que más se le recuerda: la de un inspector de policía que “sacrifica” a su amigo (Wolf Ruvinskis) para atrapar a un peligroso científico criminal, que acaba ganándole la partida.

Columba Domínguez, co-protagónica en Ladrón de Cadáveres, quien fuera esposa de «El Indio» Fernández, es la que en vida más lo recordó por haberla dejado viuda antes de casarse en la película con Wolf Ruvinskis.

El 30 de enero de 1984 se fue directo al cielo del infierno, a la edad de 73 años por la vía de un infarto agudo al miocardio. Sin embargo, vive en los DVD de sus películas.

Por: Pepe Návar.