La Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés), confirmó en un comunicado que después de estudiar los datos provenientes de instrumentos de medición tanto en tierra como en órbita, recopilados por más de 25 años, se llegó a la conclusión de que el agujero en la capa de ozono comienza a regenerarse.

La capa se extiende de los 10 a los 50 kms de altura y está conformada por una versión del oxígeno que sólo puede mantenerse estable en determinadas condiciones de presión y temperatura. El ozono absorbe hasta el 99 % de la radiación ultravioleta que llega del sol, por lo que su desaparición conlleva grandes problemas de cambio climático en el planeta.

El agujero en el ozono es resultado del uso insistente en la industria de gases conocidos como clorofluorocarbonos (CFC) presentes en productos comerciales, como pinturas y aerosoles. Dicho gas tiene la propiedad de consumir el oxígeno una vez que asciende a determinada altura, por lo cual se “come” la capa de ozono.

El tamaño del agujero tiene un aproximado de 18.3 millones de kilómetros cuadrados, lo cual se puede comparar con el doble de extensión del continente europeo.

Si se considera que el agujero afecta principalmente la zona de Antártica, se le puede atribuir como uno de los principales factores que propician el derretimiento del casquete polar y el cambio climático y la elevación del nivel del mar.

Sin embargo, gracias a la prohibición de los CFC a partir de 1987, la NASA observó que a partir del año 2000, el agujero se redujo en cuatro millones de kilómetros, lo cual tiene sorprendidos a los científicos, pues aunque se tenían esperanzas en el proceso de recuperación no se esperaba una respuesta tan rápida.

No queda más que continuar el esfuerzo y abogar por la prohibición de sustancias que perjudican la atmósfera, el suelo y la tierra.

Por: Daniel Pérez.