Desde hace 50 años el hombre inició una loca carrera por la conquista del espacio. Del ‘alunizaje’ ya hace medio siglo y 1969 fue un año decisivo para el mundo entero. 

“Este es un pequeño paso para el hombre pero un gran salto para la humanidad”

Neil Armstrong.

Por más casualidades que existan, esa fecha fue decisiva y abrió una puerta para muchas y fascinantes facetas de la humanidad. Los Beatles pusieron fin a su carrera en enero de 1969 en una azotea de Londres, musicalizaron la última nota y con ello, la liberación del movimiento hippie “Haz el amor y no la guerra”, que dio pie a la liberación de conciencia y la opresión que vivieron los jóvenes en aquellos maltrechos tiempos. 

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Y así fue, Armstrong y Aldrin llegaron a la Luna, con un puñado de sueños en las manos y cientos de miles de ojos que observaron, un 16 de julio de 1969. 

El Apolo 11 fue impulsado por un cohete Saturno V desde la plataforma LC 39A y lanzado a las 13:32 UTC del complejo de cabo Kennedy, en Florida (EE. UU.). Oficialmente se conoció a la misión como AS-506. La misión fue considerada como uno de los momentos más significativos de la historia de la Humanidad y la Tecnología.

Por supuesto, en la tierra el LSD era el rey de las adicciones y Richard Nixon declaró la guerra a las drogas. Más acontecimientos plagados de amor y venganzas se cernían. El evento de música Woodstock reventó la mente de los adolescentes que acudieron y se volvió una leyenda del rubro. La Guerra de Vietnam desbarató familias e hizo llorar al mundo entero, mientras URSS y Estados Unidos se batían en duelo por fabricar la bomba nuclear que sacudió al planeta en el futuro. 

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México no se quedó atrás, en la ciudad capital se inauguró en ese año el transporte público Metro que día a día utilizamos y aunque no nos ha llevado a la Luna, es el método de movilidad más eficaz, rápido y «seguro» con el que contamos los capitalinos. 

Todo esto sucedió a gran escala aquel 1969, sin contar lo que en ese micromundo de nuestras familias, marcó nuestro presente para siempre. 

Por: Azenet Folch